miércoles, 28 de abril de 2010

Arrebato de ira

Los jóvenes vivimos una vida de cuento y de pandereta, de horrores que ilustran las canciones pop. Los jóvenes no siempre fuimos los mismos jóvenes. Los jóvenes vivimos en la canción rimada, en la más estruendosa carcajada que nos regala el cine, que no el teatro o la novela. Vivimos una vida que no es nuestra, vivimos la que nos han contado. No sabemos que podemos elegir. No tenemos más que hacer. Y a mi no me gusta ser joven así. Tu cara es un poema, me han dicho alguna vez. Pues será, como la de todos los jóvenes, la cara de un poema que ya han escrito. Y por si fuera poco, es un poema horroroso, sin cadencia, sin talento. Vivimos del talento de los publicistas, los guionistas sin escrúpulos, los cantantes que ni si quiera tienen derecho a cantar sus canciones, sino las que los demás le mandan, y eso es un horrible círculo sin salida. Somos una generación de pelos en la lengua, que crecen sin cuidado hacia arriba y pueblan la cabeza de ideas peludas y más milimétricamente peinadas que los que se peinaban hace cincuenta años. Ya no hay raya ni brillantina que valga, ahora estar peinado es estar despeinado. Y para eso no hay remedio.

Vivimos en la paja que nos han vendido. Vivimos sin saber qué significa la palabra vida. Vivimos lo que se espera de nosotros, porque eso es lo que esperamos vivir. La tolerancia -mejor dicho, el conformismo- y el estar enclavados en un contexto abrumador, fatigante y, sobre todo, desesperanzador y frustrante, nos ha convertido en unos esclavos aún mayores que los que son nuestros padres. A veces, incluso, presumimos de tener una mente más abierta que la generación anterior, pero no, simplemente estamos absorbidos por unas ideas que se pueden llamar progres (y lo digo, a fe, con miedo a malentendidos, porque me considero progresista), unas ideas que nunca se ponen en juego ni se revisan, porque la forma actual de democracia (pseudodemocracia, en su vertiente social) nos ha vuelto unos acojonados a estar fuera de la sociedad, a no levantar la voz. Los mismos que poblaban las manifestaciones durante los setenta, hoy nos echan en cara lo absurdo de nuestras ideologías. Claro, es que no tenemos, es que no nos preocupamos, es que todo el mundo huele a Axe, estamos tan contentos que no tenemos nada contra lo que manifestarnos (ironía).

Dudo que haya una generación más infeliz que la nuestra. Y si la hay, sabían cómo remediarlo.

Nosotros, es que, simplemente, somos todos iguales. Y no tenemos ni puta idea.

2 comentarios:

  1. Arrebato, arrebato...

    arrebato de escribir en abril porque en los demás meses has escrito poco.

    Casi muero con la entrada de los 300!!
    No sabía yo de tu interés por Bosé!

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  2. Tal vez seamos la consecuencia de una sociedad estúpida e independiente que nunca ha sido nuestra, como solemos pensar, sino que lamentablemente siempre es de otros. De esos otros que han visto como el hombre pisa la luna o de esos que han pisado los campos de exterminio o esos otros que han cantado por las mañanas el cara al sol. Los jóvenes vivimos de los resquicios que un día nos dejaron y somos incapaces de asumir otros papeles porque es más fácil saber como acaba la película que aventurarte a sabiendas de que el final no te guste. Ese es el problema, que somos sombras proyectadas y así somos felices o pseudofelices. Y hacemos nuestras vidas obedeciendo a normas establecidas: encuentra un trabajo, enamórate forma una familia. Si eso no cambia nuestras vidas como hasta ahora estarán abocadas al fracaso, y en consecuencia a la frustración humana.

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